Érase una vez, un niño de un País muy lejano al Sur del Sur de América. ¡Un niño Uruguayo!, un niño como cualquier otro, pero a este le faltaba un diente, siempre llevaba los pies sucios porque nunca quería usar zapatos, se la pasaba jugando con su bicicleta, no le gustaba mucho la escuela porque se sentía encerrado, y luego cuando llegaba a su casa se iba a jugar al campo, a buscar el final de los ríos, sin hacer las tareas. Este niño era odioso, no hacía caso a ninguna regla que le pusieran, era mal educado y les dio muchos dolores de cabeza a sus padres. ¡Hasta que un día ocurrió algo que lo cambiaría todo!, mientras estaba el niño muy aburrido, su maestro sacó un mapa gigante y lo colgó sobre la pizarra. El niño (que siempre se sentaba de ultimo en la fila porque cerca de la ventana) se movió de puesto y sentó justo enfrente de esa cosa tan fascinante, donde pudo ver por primera vez lo pequeño que era su país y lo cerca que estaba de otros muchos países.

   El niño leía y veía asombrado y decía:

-¡Maestro! ¡Maestro! ¡Maestroooo! mire, conseguí a Argentina, mire ¡aquí está Paraguay y Brasil!, ¡están al lado de nosotros!, ¡esto todo azul es el océano Atlántico!, ¿cómo será esa playa que se ve demasiado grande? ¿Y lo que está en blanco es todo de hielo…?

   El niño no paraba de señalar lugares en el mapa y hacia muchísimas preguntas. Su maestro sonreía algo sorprendido y le decía:

-No, Tabaré, ni el Atlántico ni el Caribe son playas, ¿ahora vez lo bello y lo importante que es aprender?, ¿cómo hubieses podido leer el mapa si nunca hubieras aprendido a leer?, ¿vez ahora como sí valió la pena tu esfuerzo por estudiar las lecciones? El niño escuchaba atento y con ojos de sorpresa.

   Ya habrás adivinado, ese niño era yo. A mi maestro, quien esa mañana me dio la mejor lección de todas: “Estudia Tabaré, la educación es una de las llaves favoritas de la libertad y de los sueños “.

   Así es la historia de cómo un niño dejó de ver su escuela como una jaula y comenzó a ser un buen estudiante, un mejor hijo y un soñador sin límites.

   Mi nombre es Tabaré Alonso y soy el niño que se sentaba al final del salón…. Hoy tengo treinta y tres años y todavía sigo siendo un niño, ya me salió el diente que me faltaba y todavía no me gusta usar zapatos pero igual sigo aprendiendo y sigo enseñando lo más que pueda a todos mis amigos de América a quienes siempre les diré que existen mil formas y mil maneras de aprender y todas son igual de importantes, pues la vida misma es en sí una gran escuela donde se aprende de todo y no solo los libros dan lecciones.

   Hoy viajar por América se ha convertido en mi libro favorito, es mi sueño y a la vez lo que más me ha enseñado… comenzó desde que era muy pequeño. Así que durante mucho tiempo tuve que esforzarme y luchar por este sueño. Hasta que al fin llegó el día y salí con mi bicicleta el 20 de Marzo del 2016 de mi país Uruguay con destino a  Panamá. Recorriendo Argentina, Bolivia, Perú, Brasil, Venezuela, Colombia y Panamá (mi primera meta cumplida), luego me propuse una nueva meta de llegar hasta Alaska así que continúe con mi bici por Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Belice y  ahora México.

   Todavía recuerdo, como ese día ¡un mapa! me hizo querer sentarme de primero en la clase, me hizo ponerle dedicación a mis estudios y alas a mi imaginación; que, para ese entonces y sin yo saberlo, comenzaba a forjar lo que hoy es mi sueño.

   “La educación es una de las llaves favoritas de la libertad y de los sueños… Así que sé libre y atrévete a soñar “

 

 

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